viernes, 25 de enero de 2013

Crece ola de desplazados por violencia en Mali

NOTICIA-INTERNACIONAL/ALTAR AL DIA
BAMAKB– El estado de guerra que vive el norte de Mali desde principios del año pasado ha provocado decenas de miles de desplazados internos y refugiados en países vecinos. Sin embargo, esos datos no pintan toda la tragedia que ha vivido la población de las regiones de Mopti, Gao, Timbuctú y Kidal luego del alzamiento del Movimiento Nacional de Liberación del Azawad (MNLA) y la continuación de la guerra por parte de Ansar Dine y otras organizaciones terroristas islámicas. La situación más desesperante, me dice Lucile Grosjean, de la organización Action Contra la Faim (ACF, Acción Contra el Hambre) es la de 200 mil personas que siguen atrapadas en la zona de conflicto simplemente porque son tan pobres que ni siquiera pueden tomar la decisión de huir. Incluso en este país pobre ocupa el lugar 175 de 182 en la lista de desarrollo humano de la ONU– hay algunos que son más miserables que otros. Y, como siempre sucede en las guerras, los más vulnerables son quienes pagan el costo más alto del conflicto. “Estamos hablando de una población que, antes de las hostilidades, ya estaba desnutrida”, afirma Grosjean. “De hecho, 15% de esos habitantes tenían una desnutrición aguda. El actual estado de cosas nos hace estar muy preocupados por ellos”. Entrevistada en sus oficinas del barrio de Hippodrome, en esta capital, Grosjean comenta que la crisis humanitaria del norte de Mali comenzó a agravarse desde junio pasado, cuando el MNLA y Ansar Dine y sus aliados combatieron en Gao para tomar el control de la ocupación de la zona. “Desde entonces ha habido un problema de abasto porque muchos de los comerciantes decidieron esconder sus inventarios y huir, por temor al pillaje y a las represalias. También hay una seria falta de liquidez porque, obviamente, el sistema bancario se esfumó en el norte de Mali”. Pero ahora, a raíz de la acción terrorista en la planta de In Amenas, en la zona fronteriza entre Argelia y Libia, y la intervención militar francesa, la zona ha quedado prácticamente aislada. “Los argelinos cerraron su frontera y no se puede llegar a la zona desde el sur de Mali. Eso hace que una región que depende del comercio, porque produce muy poco, no tenga prácticamente nada de abasto desde hace varios días. Estamos preocupados.” Grosjean informa que ni siquiera la ONU ha podido surtir a la zona. Recientemente un camión con alimentos de quedó varado en Mopti, donde comienza la zona de conflicto. Presente en Mali desde hace varios años, ACF tiene a una veintena de personas haciendo trabajo social en el norte del país. Grosjean dice que la organización ha logrado pasar algunos cargamentos de víveres desde la frontera de Níger, pero incluso esa ruta pudiera estar en peligro porque ahora mismo se congregan en aquel país soldados locales y de Chad que están esperando instrucciones para sumarse a la lucha en contra de los grupos terroristas que buscan convertir a Mali en un califato. “En estos momentos el mercado de Gao está cerrado y la zona tiene una inflación muy alta. El arroz ha subido 40% y la gasolina 66%. Esa es la situación que enfrentan en la zona los más pobres y vulnerables, quienes no pudieron irse porque son miserables o porque cuidan de una manada.” –¿Cómo les está yendo a los activistas? –Aún nos dejan trabajar, pero sólo podemos hacerlo en las ciudades. Las zonas rurales están fuera de nuestro alcance porque los caminos son muy peligrosos. En el resto del país, la economía de guerra también se hace presente. Antes de que el gobierno provisional maliense decretara el Estado de excepción había manifestaciones todos los días de gente inconforme con la situación. Parte de los ingresos de este país dependían del turismo. Mali solía ser muy popular entre los europeos, especialmente en esta época del año, pero ahora la industria turística está deprimida y muchos malienses han perdido el empleo. Para muchas familias, las cosas se agravan con la llegada de los refugiados internos, que han llegado desde el norte a Bamako y otras ciudades del sur para residir con parientes, dice Grosjean. Entre esos desplazados está Niamoye Alidji. Ella tuvo que huir de Timbuctú el año pasado cuando los islamistas, que aún se dividían el territorio del norte de Mali con el MNLA, comenzaron a aplicar la sharia. Dice estar angustiada por un sobrino suyo, que había sido detenido por militantes de Ansar Dine, supuestamente por robar combustible. La pena era la amputación de la mano, pero ahora Niamoye no sabe nada de él porque los islamistas huyeron con todo y sus presos ante la ofensiva francesa. Además de esos 230 mil desplazados –de acuerdo con algunos cálculos–, otros 150 mil malienses tuvieron que buscar refugio en Argelia, Mauritania, Burkina Faso y Níger, países vecinos de Mali. ONG logra entrar a Kona, zona de fuertes choques La ONG humanitaria Médicos sin Fronteras (MSF) entró ayer por primera vez en la ciudad maliense de Kona, escenario hace días de sangrientos enfrentamientos entre rebeldes salafistas y tropas malienses apoyadas por el ejército francés. Según confirmó una representante de MSF en Bamako, Julie Damond, “MSF está en Kona desde hoy (jueves) con dos médicos y dos enfermeras”. Damond agregó que el personal médico desplazado a esta pequeña localidad situada en la provincia de Mopti, 700 kilómetros al noreste de Bamako, encontró el centro de salud totalmente vacío, sin personal ni pacientes. La comarca de Kona, compuesta por 25 poblaciones y más de 36 mil habitantes, fue tomada el pasado día 10 por grupos armados tras varios días de combates y no fue retomada por las fuerzas gubernamentales hasta el pasado día 18. Sin embargo, Médicos Sin Fronteras denunció que llevaba diez días intentando en vano entrar en la localidad. “Hemos podido hacer consultas para la reactivación de las instalaciones y para (poner en funcionamiento) una clínica móvil”, aseguró por teléfono Damond. Un habitante de Kona, Hamidou Bah, mostró a Efe por teléfono su alegría por ver “como el centro de salud recupera su vida”. “Nos hemos automedicado. En realidad nos las hemos arreglado como hemos podido”, dijo Bah antes de agregar que “este equipo no debe olvidar ayudar a la población a salir del trauma” (que ha vivido). Según Bah, hay mucha gente traumatizada por “los cadáveres, los disparos continuos y las explosiones múltiples durante días. Sobre todo las mujeres y los más jóvenes”, agregó. Damond también señaló que su organización intenta reforzar al equipo de cinco personas que mantiene en Duentza, situada al este de Kona y que fue recuperada por las tropas malienses hace tres días. En tanto, el gobierno canadiense extendió hasta el 15 de febrero la misión en Mali de un avión militar de carga que está transportando material y personal militar francés al país africano para luchar contra milicias islamistas. Inicialmente, el gobierno canadiense había anunciado que el avión, un C-17 Globemaster, uno de los aviones militares de carga de mayor tamaño del mundo, estaría destinado a apoyar a las fuerzas militares francesas durante una semana, plazo que terminó ayer. Pero tanto las autoridades francesas como dirigentes africanos han estado presionando al gobierno canadiense en los últimos días para que aumente su apoyo militar en el conflicto. El primer ministro canadiense, Stephen Harper, rechazó cualquier tipo de participación militar directa de Canadá en el conflicto. “Hemos sido muy claros, y creo que refleja la opinión pública canadiense, que aunque estamos listos para ayudar, no queremos ver una misión militar canadiense directa en Mali”, dijo Harper.