NOTICIA-NACIONAL/ALTAR AL DIA
MÉXICO, D.F.-Durante décadas, el PRI nos acostumbró a agachar la cabeza al dar la versión oficial de las desgracias nacionales. Lo hizo en 1968, cuando el Ejército asesinó a estudiantes. Con el caso Colosio. Con la rebelión en Chiapas. Con las crisis económicas. Con el Fobaproa -en complicidad con el PAN y con otros asuntos más.Así son las cosas y todos a callar, era la máxima del priato.
Y el caso de la desaparición y muerte de la niña Paulette Gebara Farah, de cuatro años de edad, apenas en marzo pasado, en Huixquilucan, Estado de México, no fue la excepción. Lo volvieron a hacer, ahora, en un gobierno encabezado por otro priista: Enrique Peña Nieto. Nos dijeron que todo había sido un accidente y que la menor había permanecido, fallecida, durante nueve días, al pie de su cama, sin que nadie la viera.
Así fue y todos a callar.
¿Por qué aceptarlo?
Y lo más importante: ¿por qué negarle a millones de mexicanos el derecho a saber la verdad de uno de los casos más impactantes y mediáticos de los últimos años, como fue el de Paulette?
Porque era una explicación que se le debía a México, acepté, como reportero, investigar sobre este asunto. El acuerdo con Editorial Santillana fue que, si obtenía información que realmente aportara a aclarar el caso, avalada por documentos oficiales o testimonios confiables -lejos de abonar más al terreno de las especulaciones-, solamente así abordaría este tema. El resultado es la aparición del libro Paulette. Lo que no se dijo, de mi autoría, bajo el sello de Aguilar.
Que juzgue el lector, y no el reportero, si se logró el objetivo trazado:
Con base en la averiguación previa AM/ HUIX/III/286/2010, Mauricio Gebara -padre de Paulette- declaró ante los agentes de la PGJEM Juan José Granjeno Olascuaga y Ricardo Arturo Prida Galicia (antes de que la menor fuera encontrada muerta entre la noche del 30 y la madrugada del 31 de marzo), que:
-Sí, yo sé dónde se encuentra Paulette, y solamente se los diré si me ayudan, de forma legal, para que yo no tenga ningún problema con la justicia. tengo el temor de irme a la cárcel. estoy desesperado.
Lisette Farah -mamá de Paulette- admite:
-Yo sé dónde está Paulette. y también sé quiénes la desaparecieron. fue mi esposo Mauricio.
Y Mauricio revira:
-Como les dije, yo sé dónde está mi hija, y también están involucradas mi esposa y las nanas, Erika y Martha.
Estas revelaciones están asentadas en declaraciones ministeriales.
Los padres de Paulette estaban confesos al decir que sabían dónde estaba su hija -y, por supuesto, qué ocurrió realmente con ella- y, aún así, el entonces procurador Alberto Bazbaz, junto con el fiscal del caso, Alfredo Castillo -relevo de Bazbaz-, evitaron llegar al fondo. ¿Por qué lo hicieron? Con sus confesiones, Mauricio y Lisette dejan en claro que su versión sobre la desaparición de Paulette -mostrar mantas, playeras, mover el caso por redes sociales, entrevistas-, todo, fue un embuste.
Siempre supieron, como lo declaran oficialmente, dónde estaba su hija. ¿Por qué entonces se desvió la investigación, si había confesión de parte?
Aún más: en el libro se revela lo siguiente, con base en documentos ministeriales y señalamientos de quienes estuvieron dentro de la investigación:
-El procurador Bazbaz ordenó mutilar un dictamen oficial.
-El perito de la PGR que firmó el dictamen federal, admite que así se lo ordenaron.
-A Mauricio y Lisette solamente se les hicieron. ¡dos preguntas con el polígrafo!
Se intenta reconstruir las investigaciones con los testimonios de quienes estuvieron dentro de ellas. El resultado es indignante.
Paulette. Lo que no se dijo pretende, sin otro propósito, dar una explicación alterna a la historia oficial, aportar mayores elementos informativos, en un país harto de las "historias oficiales" que por décadas nos han recetado nuestros gobernantes.
ARCHIVOS CONFIDENCIALES. El ajusticiamiento de 72 personas, halladas en una fosa en San Fernando, Tamaulipas -14 eran mujeres-, es otra muestra de que la situación se ha salido de control y que el narco mata a placer, con o sin la oposición de las policías, en muchas ocasiones cómplices. Los muertos eran inmigrantes. ¿Quién los protegía? Nadie. En México se puede ejecutar a cualquiera, incluyendo, al mismo tiempo, a otras decenas de seres humanos. Es el horror, la impunidad y los destellos de un Estado fallido en todos sus niveles de gobierno. Más que merecido el fallo de un tribunal federal que revocó las sentencias que se impusieron a César Freyre, Juana Hilda González Lomelí y a los hermanos Tony y Alberto Castillo Cruz, como responsables del secuestro y asesinato de Hugo Alberto Wallace Miranda. Ahora será con base en el Código Penal del DF como se dicten nuevas condenas, seguramente mayores.
Es una recompensa a la lucha que la valiente Isabel Miranda de Wallace ha realizado en los últimos cinco años